domingo, 27 de mayo de 2018

ESPERO CURARME DE TI. JAIME SABINES

Espero curarme de ti en unos días. Debo dejar de fumarte, de beberte, de pensarte. Es posible. Siguiendo las prescripciones de la moral en turno. Me receto tiempo, abstinencia, soledad.
¿Te parece bien que te quiera nada más una semana? No es mucho, ni es poco, es bastante. En una semana se puede reunir todas las palabras de amor que se han pronunciado sobre la tierra y se les puede prender fuego. Te voy a calentar con esa hoguera del amor quemado. Y también el silencio. Porque las mejores palabras del amor están entre dos gentes que no se dicen nada.
Hay que quemar también ese otro lenguaje lateral y subversivo del que ama. (Tú sabes cómo te digo que te quiero cuando digo: «qué calor hace», «dame agua», «¿sabes manejar?», «se hizo de noche»… Entre las gentes, a un lado de tus gentes y las mías, te he dicho «ya es tarde», y tú sabías que decía «te quiero»).
Una semana más para reunir todo el amor del tiempo. Para dártelo. Para que hagas con él lo que quieras: guardarlo, acariciarlo, tirarlo a la basura. No sirve, es cierto. Sólo quiero una semana para entender las cosas. Porque esto es muy parecido a estar saliendo de un manicomio para entrar a un panteón.

sábado, 2 de septiembre de 2017

DIOS DE AMOR. Juan Ramón Jiménez


Lo que queráis señor
y sea lo que queráis 

Si queréis que entre las rosas 

ría hacia los matinales 

resplandores de la vida, 
que sea lo que queráis. 

Si queréis que entre los cardos 
sangre hacia las insondables 
sombras de la noche eterna, 
que sea lo que queráis. 

Gracias si queréis que mire, 
gracias si queréis cegarme; 
gracias por todo y por nada, 
y sea lo que queráis. 

Lo que queráis, señor; 
y sea lo que queráis.

viernes, 21 de julio de 2017

GUSTAVO ADOLFO BECQUER. RIMA IV

No digáis que agotado su tesoro,
De asuntos falta, enmudeció la lira:
Podrá no haber poetas; pero siempre
Habrá poesía.

Mientras las ondas de la luz al beso
Palpiten encendidas;
Mientras el sol las desgarradas nubes
De fuego y oro vista;

Mientras el aire en su regazo lleve
Perfumes y armonías,
Mientras haya en el mundo primavera,
¡Habrá poesía!

Mientras la ciencia a descubrir no alcance
Las fuentes de la vida,
Y en el mar o en el cielo haya un abismo
Que al cálculo resista;

Mientras la humanidad siempre avanzando
No sepa a dó camina;
Mientras haya un misterio para el hombre,
¡Habrá poesía!

Mientras sintamos que se alegra el alma
Sin que los labios rían;
Mientras se llora sin que el llanto acuda
A nublar la pupila;

Mientras el corazón y la cabeza
Batallando prosigan;
Mientras haya esperanzas y recuerdos,
¡Habrá poesía!

Mientras haya unos ojos que reflejen
Los ojos que los miran;
Mientras responda el labio suspirando
Al labio que suspira;

Mientras sentirse puedan en un beso
Dos almas confundidas;
Mientras exista una mujer hermosa,
¡Habrá poesía!

martes, 30 de mayo de 2017

LAS MUJERES DE ROMERO DE TORRES. Manuel Machado

Rico pan de esta carne morena, moldeada
en un aire caricia de suspiro y aroma...
Sirena encantadora y amante fascinada,
los cuellos enarcados, de sierpe o de paloma...

Vuestros nombres, de menta y de ilusión sabemos:
Carmen, Lola, Rosario... Evocación del goce,
Adela... Las Mujeres que todos conocemos,
que todos conocemos ¡y nadie las conoce!

Naranjos, limoneros, jardines, olivares,
lujuria de la tierra, divina y sensual,
que vigila la augusta presencia del ciprés.

En este fondo, esencia de flores y cantares,
os fijó para siempre el pincel inmortal
de nuestro inenarrable Leonardo cordobés.

miércoles, 12 de abril de 2017

COPLAS ELEGÍACAS. ANTONIO MACHADO

¡Ay del que llega sediento 
a ver el agua correr, 
y dice: la sed que siento 
no me la calma el beber! 

¡Ay de quien bebe y, saciada 
la sed, desprecia la vida: 
moneda al tahúr prestada, 
que sea al azar rendida! 

Del iluso que suspira 
bajo el orden soberano, 
y del que sueña la lira 
pitagórica en su mano. 

¡Ay del noble peregrino 
que se para a meditar, 
después de largo camino 
en el horror de llegar! 

¡Ay de la melancolía 
que llorando se consuela, 
y de la melomanía 
de un corazón de zarzuela! 

¡Ay de nuestro ruiseñor, 
si en una noche serena 
se cura del mal de amor 
que llora y canta sin pena! 

¡De los jardines secretos, 
de los pensiles soñados, 
y de los sueños poblados 
de propósitos discretos! 

¡Ay del galán sin fortuna 
que ronda a la luna bella; 
de cuantos caen de la luna, 
de cuantos se marchan a ella! 

¡De quien el fruto prendido 
en la rama no alcanzó, 
de quien el fruto ha mordido 
y el gusto amargo probó! 

¡Y de nuestro amor primero 
y de su fe mal pagada, 
y, también, del verdadero 
amante de nuestra amada!

martes, 27 de diciembre de 2016

SOLLOZO, FIEBRE, SOMBRA. JUAN ALCAIDE

.
Nos queda tu sollozo de piña y de palmera; 

la espiral de tu fiebre, reloj de melodía; 
la sombra de hilo negro de tu devanadera, 
y el torrente más alto de tu melancolía.
La miel que por Sanlúcar se escapa de su cera, 

salándose en la palma de la verde bahía, 
busca el coral más hondo, cayendo, y nos espera... 
¡Tu ardiente miel salada nos queda todavía!
Nos queda en cada yunque tu verso, como en cuna 

Tu costado de plata sangrando en cada luna. 
La tarde color lila de tu ausencia al mirar.
Nos quedan tus violetas durmiendo en las pestañas. 

Y nos queda tu muerte, ¡tu muerte! en las entrañas, 
minera de este llanto que nos deshace en mar.

sábado, 14 de mayo de 2016

JAIME SABINÉS. LOS AMOROSOS

LOS AMOROSOS
 Los amorosos callan.
El amor es el silencio más fino,
el más tembloroso, el más insoportable.
Los amorosos buscan,
los amorosos son los que abandonan,
son los que cambian, los que olvidan.
Su corazón les dice que nunca han de encontrar,
no encuentran, buscan.

Los amorosos andan como locos
porque están solos, solos, solos.
entregándose, dándose a cada rato,
llorando porque no salvan al amor.
Les preocupa el amor. Los amorosos
viven al día, no pueden hacer más, no saben.
Siempre se están yendo,
siempre, hacia alguna parte.
Esperan,
no esperan nada, pero esperan.
Saben que nunca han de encontrar.
El amor es la prórroga perpetua,
siempre el paso siguiente, el otro, el otro.
Los amorosos son los insaciables,
los que siempre -¡que bueno!- han de estar solos.

Los amorosos son la hidra del cuento.
Tienen serpientes en lugar de brazos.
Las venas del cuello se les hinchan
también como serpientes para asfixiarlos.

Los amorosos no pueden dormir
porque si se duermen se los comen los gusanos.

En la obscuridad abren los ojos
y les cae en ellos el espanto.

Encuentran alacranes bajo la sábana
y su cama flota como sobre un lago.

Los amorosos son locos, sólo locos,
sin Dios y sin diablo.

Los amorosos salen de sus cuevas
temblorosos, hambrientos,
a cazar fantasmas.
Se ríen de las gentes que lo saben todo,
de las que aman a perpetuidad, verídicamente,
de las que creen en el amor como en una lámpara de inagotable aceite.

Los amorosos juegan a coger el agua,
a tatuar el humo, a no irse.
Juegan el largo, el triste juego del amor.
Nadie ha de resignarse.
Dicen que nadie ha de resignarse.
Los amorosos se avergüenzan de toda conformación.

Vacíos, pero vacíos de una a otra costilla,
1a muerte les fermenta detrás de los ojos
y ellos caminan, lloran hasta la madrugada
en que trenes y gallos se despiden dolorosamente.

Les llega a veces un olor a tierra recién nacida,
mujeres que duermen con la mano en el sexo, complacidas,
a arroyos de agua tierna y a cocinas.
Los amorosos se ponen a cantar
entre labios
una canción no aprendida.
Y se van llorando, llorando
la hermosa vida.