miércoles, 12 de abril de 2017

COPLAS ELEGÍACAS. ANTONIO MACHADO

¡Ay del que llega sediento 
a ver el agua correr, 
y dice: la sed que siento 
no me la calma el beber! 

¡Ay de quien bebe y, saciada 
la sed, desprecia la vida: 
moneda al tahúr prestada, 
que sea al azar rendida! 

Del iluso que suspira 
bajo el orden soberano, 
y del que sueña la lira 
pitagórica en su mano. 

¡Ay del noble peregrino 
que se para a meditar, 
después de largo camino 
en el horror de llegar! 

¡Ay de la melancolía 
que llorando se consuela, 
y de la melomanía 
de un corazón de zarzuela! 

¡Ay de nuestro ruiseñor, 
si en una noche serena 
se cura del mal de amor 
que llora y canta sin pena! 

¡De los jardines secretos, 
de los pensiles soñados, 
y de los sueños poblados 
de propósitos discretos! 

¡Ay del galán sin fortuna 
que ronda a la luna bella; 
de cuantos caen de la luna, 
de cuantos se marchan a ella! 

¡De quien el fruto prendido 
en la rama no alcanzó, 
de quien el fruto ha mordido 
y el gusto amargo probó! 

¡Y de nuestro amor primero 
y de su fe mal pagada, 
y, también, del verdadero 
amante de nuestra amada!

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